EL CUADERNO

EL CUADERNO

Me han comprado un cuaderno de pastas duras, muy bonito y en él voy, a ratos, escribiendo mis poemitas, poca cosa, ideas absurdas, cotidianas, de hombre corriente como hay tantos por la vida. Hablo de las cosas que me gustan y me levantan el ánimo: de las flores, de los árboles, de los caminos polvorientos (las carreteras tienen otra metafísica), de rebaños solitarios pastando por cañadas y cordeles, de hombres que llevan en sí mismos la felicidad y el futuro, aunque ellos no lo saben; lo buscan en las ciudades donde les está esperando la soledad y el desamparo, engañados, entre otras cosas, por el ojo insidioso y manipulador que han instalado en casa. Sí, me gusta pasear por el campo a cielo descubierto y admirar esas enormes piedras colocadas en lo alto como huevos prehistóricos, como si un gigantesco avestruz los hubiera puesto allí para que los incube el sol y los pula la cellisca.

Pero ¡ay! A quién quiero engañar si al fin y al cabo yo hago lo mismo y vuelvo a la ciudad sin darme cuenta de que la felicidad y el futuro, la soledad y el desamparo también viajan conmigo…de incognito.

Benjamín Fdez. 22-5-2018

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COMPARATIVA

COMPARATIVA

 

Dicen que escribir es un acto solitario

y es cierto.

Rodeado de silencio en este pequeño cuarto

donde apenas cabe una mesa, una silla

y una humilde estantería,

exprimo mi entendimiento

y trato de dar sentido a las palabras

que van cayendo en la hoja

sin emitir ni un sonido;

y en silencio pienso…pienso

y todo se vuelve ruido.

 

Y con el ruido el recuerdo de lo que ha sido mi vida,

el trabajo de artesano que también,

como el escribir, es solitario

y vas dejando en la tabla parte de tu entendimiento

y mientras cortas, vigilas el pasar de tus manos

cerca, muy cerca

del corte afilado de la sierra,

y en medio de tanto ruido, piensas…piensas

que hacer con tanto silencio.

 

Benjamín Fdez. 19-5-2018

 

PALESTINA

PALESTINA

 

Yo lloraré por ti, Palestina

y poniéndome el hábito del luto

derramaré ceniza sobre mi cabeza,

porque sé que todos los dioses os han abandonado.

Yo lloraré sobre tu inmensa cárcel,

sobre la sangre que nos llena de vergüenza,

sobre tus niños muertos,

sobre los huesos maltratados durante tantos siglos,

de tus antepasados.

Yo lloraré por ti, Palestina

porque no tengo otra cosa que darte.

 

Benjamín Fdez. 16-5-2018

 

 

LA MALETA

LA MALETA

 

Era la primera vez que iba a salir de casa, a dejar aquel barrio nuestro apartado del mundo, aquellas calles de tierra donde jugábamos al “gua” o a la “garza”, o al tacón, o a la tusa con “pelis” y cromos. Allí dejaba a mis amigos que quizás en su fuero interno, esto no lo supe nunca, envidiaran mi destino. Allí quedaban también aquellas rapazas de juvenil belleza, cuerpos rotundos y ojos soñadores. Pero me iba a estudiar a París, no había remedio. Una etapa de mi vida terminaba y otra empezaba y en medio de ambas, la maleta; compañera de viaje, de congojas y de incertidumbres, vapuleada por el traqueteo inmisericorde de los trenes que me llevaban y me traían. De la primera vez que pasé la frontera recuerdo que los gendarmes franceses estaban más preocupados por nuestras posibles enfermedades que por lo que pudiéramos llevar en el equipaje; yo solo llevaba, además de la ropa, un saquito de avellanas, sin embargo tuve que orinar en un vasito. Ahí empecé a darme cuenta de que era cierto aquello que decían de que África empezaba en los Pirineos. Un par de años más tarde, cuando tuve que regresar, volví a meter en la maleta todo lo que tenía, incluidos los libros que poco a poco había ido comprando y la facturé para poder viajar con más comodidad. Yo llegué sin novedad pero la maleta se hizo de rogar. Casi un mes después pude recogerla en la estación destrozada y por supuesto sin mis queridos libros. Y eso ya fue la confirmación de que, efectivamente, Europa se había quedado allende los Pirineos.

Benjamín Fdez. 10-5-2018

ESAS COSAS

ESAS COSAS

 

Cuantas cosas debimos guardar en la memoria

y dejamos pasar inadvertidas;

cuantas cosas dejamos olvidadas

sin darnos cuenta que nos pertenecían.

Cuanta vida se fue rompiendo a trozos

y esparciendo por todos los caminos;

salimos a la lluvia, a la intemperie

con ropas heredadas;

libramos mil batallas en campos imposibles

sin armas ni bagajes

y acabamos heridos y maltrechos,

derrotados, vencidos, sin nada en las mochilas.

Cuantas cosas debimos guardar en la memoria

que bien podrían hoy hacernos compañía.

Benjamín Fdez. 4-5-2018

 

ERA UN JARDÍN SONRIENTE

ERA UN JARDÍN SONRIENTE

 

Yo conocí el patio original,

simple en su estructura pétrea,

vacío ante la luz cenital del día

y el claro resplandor lunar

prisionero de todas las escarchas.

Y vi plantar los primeros adornos

un verano ya antiguo;

asustados retoños buscando entre las piedras

refugio a sus raíces;

trémulas flores que esparcidas crecieron

por todos los rincones.

 

Hoy he vuelto después de largos años

y he visto la hermosura de aquellos retoños

que cuajaron

en árboles de esbelta arquitectura;

y el patio, desprovisto en un principio,

pasó a ser un jardín de acotados cielos,

un remanso de claridad

donde la luz se vuelve flor

y en forma de rosales, cautiva las paredes.

Tiernas espinas que arañan la memoria

y sujetan un punto, los años fugitivos.

Se ha cerrado el portón, volvemos al camino.

 

Benjamín Fdez. 28-4-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS PATATAS

LAS PATATAS

 

Había puesto unas patatas a cocer, levantó la tapadera de la olla para ver cómo iban y una nube de vapor se esparció por la cocina. En un plato encima de la mesa había puesto unos trozos de espinazo. Miró dentro de la cazuela y vio las patatas troceadas bailando al ritmo del borbolloneo del agua; entonces se acordó de su madre allá en los primeros tiempos de posguerra: “mientras tengamos patatas no vamos a pasar hambre”. No sabía cómo su madre las conseguía, pero se acordaba de verlas extendidas por debajo de las camas. Así de pequeña era la vivienda que los cobijaba. Se acordó también de que su madre solo les ponía unas hojas de laurel; miró con tristeza el plato con la carne y como si estuviera cometiendo un delito, lo volcó sobre las patatas, después suspiró largamente y volvió a poner la tapadera.

Benjamín Fdez. 25-4-2018

AQUÍ FUE MI NACIMIENTO

AQUÍ FUE MI NACIMIENTO

Trobajo del camino (León)

 

 

Días de nieve aquel noviembre frio,

puro hielo colgando en los tejados,

no puede con la niebla un sol sin brío;

los chopos y negrillos, deshojados,

lloran su desventura junto al rio,

y los prados ociosos, inundados,

resignados aguardan en la espera

a que llegue otra vez la primavera.

 

Y tuvo a bien la suerte que naciera

en medio de aquel piélago mezquino,

de aquel invierno que en mi vida fuera

santo y seña de humilde peregrino

que nunca fue a Santiago aunque pudiera

y nació en este pueblo del “camino”,

en una casa humilde, luminosa,

en brazos de una madre cariñosa.

 

Después todo fue sueño, viento y bruma

ofuscando la mente y los sentidos,

recuerdos que se van como la espuma

dejándonos tan solo los olvidos,

esperando que todo se consuma.

Solo quedan los hilos desprendidos

de la madeja con la que llegamos

y tejemos, la tela en que nos vamos.

 

Y allí quedó, lejana y olvidada,

como estaca clavada en la memoria

de unos pocos, la fecha señalada

de un comienzo sencillo, de la historia

de quien quiso ser hombre antes que nada

y poner en el fiel de su balanza,

hijos, amor, amigos y esperanza.

 

Benjamín Fdez. 23-4-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESURRECCIÓN

RESURRECCIÓN

 

Todos le dieron por muerto; ya no era más que un viejo y feo mojón a la vera de un camino en una linde cualquiera, un tocón retorcido y seco que no mereció la pena arrancar. Pero un buen día sin que nadie lo advirtiera, entre las viejas cortezas, brotó de nuevo la vida. No hay aquí ningún milagro ni intervenciones divinas. ¿Será el eterno retorno que todo lo simplifica?

Benjamín Fdez. 22-4-2018

Nuestras vidas son los ríos…

 

Todo río tiene sus orillas, sus légamos, sus puentes y sus árboles; también su música, sus pájaros, sus penas y sus amores y un inveterado empeño por alejarse y perderse en el frenesí de la corriente

Benjamín Fdez. 22-4-2018