LA BODEGA

LA BODEGA

 

Recuerdo haber ido muchas veces a la bodega del abuelo Ramón, sobre todo en época de vendimia. Era una de aquellas bodegas tan típicas que se extendían por los suaves oteros del páramo leonés. Si mirabas desde lejos, veías una puerta recia de madera de pino comida del sol y de la lluvia y por encima de ella, una especie de cúpula en cuyo vértice había un respiradero. De un bolsillo de la chaqueta sacaba mi abuelo la llave, una llave enorme de hierro como para puerta de castillo feudal. Dos vueltas a la cerradura y cedían los goznes, forroñosos y viejos, con un gruñido desesperado. Un intenso haz de luz se nos adelantaba  iluminando los escalones de piedra que bajaban hasta el fondo de la cueva donde, en oscura soledad, reposaba el gran bocoy de madera de roble rebosante del preciado caldo, la ambrosía extraída de los campos. Y recuerdo una vez más el abrirse la puerta con chirridos de prisa y de miedo y encontrarnos al abuelo despatarrado en el suelo, iluminado a duras penas por la espita de luz que bajaba del ventano, no sabíamos si estaba borracho o asfixiado por los vapores de la fermentación. Poco después moriría realmente y al verle allí tan quieto en la oscura caja de madera me pareció, por una extraña asociación de ideas, que del bolsillo interior de la chaqueta asomaba la enorme llave negra que abría la bodega.

 

Benjamín Fdez. 17-10-2019

Anuncios

OLORES

OLORES

 

Cómo borrar de mi cuerpo

los obstinados olores que me habitan

si no encuentro pozo, ni rio, ni mar en que lavarme,

ni lluvia que se lleve estos barruntos;

barruntos ancestrales que fueron cotidianos

y se han ido pegando con el tiempo

al cruel paladar de la memoria.

 

Es el olor del frio y de la nieve,

de la urce, el tomillo y la genciana,

de las vacas arando en los barbechos

levantando el tempero amoroso de la tierra;

es el olor inconfundible de la oveja

que vuelve atardecida a los corrales

y del humo sahumando con su incienso en los tejados,

el crepitar de la leña que quema en los fogones.

Es el olor de la leche que espuma en el caldero,

y del queso que cura despacio en la bodega,

es el cocer del pan en plena madrugada,

el olor de la miga y el tostado color de la corteza.

 

Cómo borrar de mi cuerpo

los obstinados olores que me habitan,

si son mi masa madre, mi andamiaje,

el peregrino fermento de mis circunstancias.

 

Benjamín Fdez. 12-10-2019

 

LA CASA

LA CASA

 

Es ahora la casa un himno al desamparo;

ventanas sin cristales y vigas encorvadas

por el peso del tiempo, de añadas y de olvidos.

Viejos árboles tienden sus ramas por encima

amparando la ruina de las tejas musgosas

que aún cobijan tozudas, el pajar, la tenada,

la piedra del hogar y el camastro vacío.

La puerta descuadrada con el cabo de cuerda

asomando por fuera sujeto a la tranquilla,

oculta pudorosa, aperos y recuerdos,

inconfesables ecos de antiguos albedríos.

En lo alto del muro, camuflado, escondido,

oculto por las ramas del árbol más frondoso,

un ventanuco angosto me lleva a recordar:

 

“voy subiendo a la casa colgada en aquel cerro

buscando una cordera que le faltó al rebaño;

nada rompe el silencio vencido de la tarde,

pero la casa vive, solloza, gimotea,

suspiros y murmullos que escucho quedamente;

me acerco sigiloso y tiro de la cuerda,

más no cede el pestillo, está echada la tranca.

me encaramo a las ramas que ocultan el ventano

y veo sobre el catre dos sombras que se aman,

dos líneas paralelas que aquí se han encontrado,

dos cuerpos, que desnudos combaten en silencio,

dos olas que se rompen contra un acantilado,

y dejan en la playa un rastro, una fragancia

de algas y de espuma, de efímero placer.

Me bajo avergonzado  del árbol que me oculta

y me alejo despacio por otros derroteros

donde suena una esquila y bala una cordera.”

 

Benjamín Fdez. 27-9-2019

 

EL EXTRAÑO CASO DEL PERRO SOLITARIO

EL EXTRAÑO CASO DEL PERRO SOLITARIO

 

Diríase que siempre estuvo allí, sentado sobre sus cuartos traseros en aquel solar despoblado, en barbecho, donde solo crecían los matojos, los cardos y la avena loca. Un solar rodeado de edificios que la especulación salvaje de los últimos tiempos parecía haber dejado olvidado. Y allí estaba él, mitad setter, mitad pointer, solitario y enigmático como si aquel pedazo de tierra le perteneciera desde siempre, como si hubiera nacido allí mismo en una mitológica partenogénesis. Agradecía la comida que le llevaban con un ligero movimiento de la cola, y siempre con el mismo gesto melancólico,  inalterable y serio. Nadie se explicaba su extraño comportamiento, pero tampoco se hicieron demasiadas conjeturas; al fin y al cabo solo era un perro. Unos huesos fríos, descarnados, ocultos, reclamaban fidelidad a tres palmos bajo tierra.

 

Benjamín Fdez. 14-9-2019

LA ESPAÑA VACIADA

LA ESPAÑA VACIADA

 

Hoy, rigurosamente hoy,

por el balcón de mi casa

se han colado silenciosas,

pálidas, secas, marchitas,

unas hojas desprendidas

del árbol que tengo enfrente.

Y allá en la parte más alta

en el hueco que dejaron,

asoma un nido vacío

en la horquilla de una rama.

¿Adónde volaste alondra?

¿quién te dijo que te fueras?

¿qué te empujó a abandonar

todo esto que era tuyo?

Cántame alondra al oído

y dime por qué te vas.

Siguen cayendo las hojas,

pálidas, solas, marchitas,

del árbol de la esperanza.

 

Benjamín Fdez. 10-09-2019

BELLOTAS

BELLOTAS

 

Apuntan las bellotas

incubando proyectos de futuro,

cuelga el fruto reciente, prematuro

inundando de vida

el campo ardiente que secó el estío;

vegetal desvarío,

remedio agraz en la invisible herida

que una flecha perdida

abrió en el horizonte

donde la encina llora sobre el monte.

 

Benjamín Fdez. 1-9-2019

LA OBRA

LA OBRA

 

Al otro lado de la calle

en un portal abierto y en penumbra,

suenan golpes de maza y cortafríos,

acompasados, metálicos, continuos,

que el eco arrastra en hora intempestiva

hasta la alcoba en que dormita mi pereza.

Colocados sin orden en la acera

vemos piezas de andamio, caballetes,

espuertas con arena y sacos de cemento;

una pala apoyada contra el muro

proyecta en la pared su rostro de fatiga

y tres hombres, cargados ya de días

y también, quizás, de desengaños,

comienzan su jornada, una vez más,

para cumplir con el rito y la costumbre.

 

Benjamín Fdez. 15-08-2019

TRIANÓN

TRIANÓN

 

A veces me pregunto, simplemente por preguntar, de dónde vienen esos pomposos nombres que tienen algunos cines y teatros. Pienso por ejemplo en el cine Trianón, justo a los pies de la torre de San Isidoro; mi padre trabajaba de guarda de noche en una obra cercana y había hecho amistad con el portero del cine. “Trae a los chicos cuando quieras, los días de diario esto está medio vacío”. Recuerdo que era verano; al atardecer cargábamos con el fardel donde iba la cena de mi padre y nos presentábamos en la obra; de allí al cine no había ni cincuenta metros. “Aquí te traigo a los chicos, Daniel”. Todavía conservo de aquellos días, una sensación de espectador furtivo y la evocación lejana de películas como HATARI, JHONNY COGIÓ SU FUSIL o PEQUEÑO GRAN HOMBRE. Al acabar la película volvíamos a la obra, al cuartucho desangelado donde mi padre, ya enfermo, consumía sus horas nocturnas leyendo los libros de Angélica y el Rengo de Toulouse. Quizás fuera ésa la última obra donde estuvo de guarda y quizás fueran ésas las últimas películas que vimos en el cine TRIANÓN.

 

BENJAMÍN Fdez. 10-08-2019

SED LÍBERANOS A MALO

SED LÍBERANOS A MALO

( ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino) CANTAR DE LOS CANTARES

 

Gustaba Saturnino de salir al patio en aquellos atardeceres de estío cuando ya se levantaba la brisa y refrescaba un poco la bochornosa calima del mediodía. Se sentaba en una butaca de fresno debajo del guindal y dejaba vagar la mirada por aquel valle que se extendía a sus pies, con sus prados, sus montes y su rio; aquel valle que había sido todo en su vida: su purgatorio, su infierno y también su paraíso. Echó un vistazo al libro de pastas verdes que Rosario había dejado encima de la banqueta, sobado y roto, gastado ya de tanto usarlo y como si frotara en la lámpara maravillosa, empezaron los recuerdos a escocerle en la memoria. Y vinieron a su mente aquellos días lejanos de cura recién llegado; sus primeras, fervorosas y místicas palabras rebotando en las paredes de una iglesia vacía y la casa cural, como un nido frio y solitario. Se dio cuenta de que el apostolado no estaba en la iglesia y como allí la iglesia era él, decidió sacarla a la calle. Frecuentó las tabernas, aprendió a jugar al tute y a la subasta y se hizo asiduo de las partidas y las copas de cognac. Comprendió que cuando aquellos mineros y labriegos curtidos juraban, lo hacían como una forma de rebelión, como una forma de pagar con alguien su frustración y su impotencia. Y así, un buen día, en el acaloramiento de una partida de bolos, se escuchó a sí mismo soltando el terno más irreverente. Aquello, pensó, no era una blasfemia, era el bálsamo terrenal  de los esclavos. Cómo olvidar también el día en que Rosario llegó a la casa para encargarse de las labores domésticas. Joven, bonita y hacendosa, se metió en su vida como una tormenta de verano haciendo tambalear sus más profundas convicciones. Sin darse cuenta apenas, empezó a quererla y en noches de insomnio y duermevela luchó contra los demonios del deseo. No lejos de allí, en aquellas mismas noches, también Rosario se debatía entre el respeto, el amor y las tentaciones. Cuando pidió la dispensa para poder casarse, Rosario iba ya por el cuarto mes de embarazo. Después de muchos años de exilio voluntario y jubilado de su nuevo trabajo, volvieron al pueblo y compraron aquella casita con su butaca de madera, su guindal y aquel patio por el correteaban sus recuerdos…y sus nietos.

 

Benjamín Fdez. 26-07-2019

NOCTURNO

NOCTURNO

¿Te acuerdas de aquellos días nocturnos de verano cuando nos tumbábamos en medio de la alfalfa y mirábamos el cielo buscando en su negrura la estrella más brillante? Entonces no sabíamos sus nombres (Sirio, Rigel, Arturo, Vega, Betelgeuse). Solo sabíamos de la estrella Polar y la buscábamos ansiosos apuntando aquí o allí con la inquisitorial audacia de nuestro dedo infantil. Los grillos entonaban su sinfonía monocorde que vibraba con metálico son en el silencio de la noche. El aire olía a verde, a clorofila ¿te acuerdas? Un meteorito dibujó su estela de luz incandescente y el embrujo celeste se hizo magia inmortal en nuestros ojos de ingenuos galopines. De pronto una luz más prosaica, se encendió en la ventana de la cocina y la voz imperativa de madre, vino a romper el hechizo seductor de las estrellas.

Benjamín Fdez. 12-07-2019